Fiscalidad y futuro

Ya entrado el siglo XXI observamos, perplejos, que de los entresijos del pasado, avanzamos, de forma imperturbable y rápida a los tiempos de la internacionalización y la globalización económica. Dicha realidad, incontestable provoca una desazón al legislador que desee establecer los pilares de una fiscalidad eficaz. No podemos ni debemos obviar que el sistema fiscal clásico del siglo XX está basado en los principios de territoriedad (los hechos acaecen en un territorio acotado y estanco), y están efectuados por sujetos claramente identificables que realizan operaciones ordinarias establecidas y acotadas, tenemos aquí, pues, y tal como se ha dicho, los pilares de un sistema tributario basado en un territorio, unos sujetos pasivos (personas que realizan dichas operaciones, las cuales determinas los supuestos gravados (hechos imponibles), que una vez cuantificados y regulados determinarán los ingresos para el estado.
Pero los años han pasado, inexorables, y la realidad económica del siglo XXI ha determinado la aparición de nuevas situaciones que requieren nuevos sistemas. El primero, conocido y comentado hasta la saciedad, es la aparición de macro empresas, ligadas normalmente a las nuevas tecnologías, nuevos gigantes de bytes, que de acuerdo a su propia naturaleza determina una complicada concatenación de diversos hechos nuevos, de difícil localización individual y global, y por lo tanto motivo de picaresca de altos vuelos. El problema viene dado por la propia valoración de la marca, bien intangible que determina el valor añadido de la compañía. El problema radica donde podemos determinar que se produce el hecho imponible, sobre todo en sede del Impuesto sobre Sociedades. Para muestra un botón, podemos debatir sobre los siguientes casos, Google, Apple…
Otros casos como Amazon o Starbucks pueden ser más discutibles, en el primer caso y hasta el 1 de mayo de 2015 la empresa no pagaba por Impuesto sobre Sociedades EN España. El caso de Starcbucks es todavía más sonado, solo se trata de poner el precio de las materias primas a determinado precio en las operaciones vinculadas (precio de transferencia)…
Y si por arriba no se pagan los impuestos que anteriormente se pagaban en mercados locales más complicada es la situación en la zona baja, los nuevos fenómenos de economía colaborativa, como BLA BLA CAR, UBER, WALLAPOP, SHARE YOUR MEAL, en el primer caso se trata de compartir viajes, la segunda se trata de un servicio análogo al taxik, Wallapop es una compra venta de bienes de segunda mano utilizada por particulares y empresas y la última se trata de personas que desde su casa elaboran comidas para terceros, que evidentemente cobran.
La economía colaborativa, que puede estar basada en el trueque y, que, en un principio plantea discrepancias en torno al momento en el que la actividad debe o no darse de alta genera graves discrepancias sobre su fiscalidad y su capacidad de sostenimiento para el futuro, no solo del déficit público, sino que más allá de las mismas, y en consecuencia el déficit de las pensiones. Sabido es que las pensiones medias suben más que las cotizaciones año a año, sin encima la economía colaborativa no genera obligación de alta en la seguridad social mal vamos.
La compra de bienes usados entre particulares debería pagar un 4% de ITP que nadie liquida cuando se vende una cosa con la plataforma de Wallapop, desde, evidentemente, la venta de un libro de 10 euros hasta relojes de más de 6.000,00 euros.
Estamos pues, en un mundo donde la globalización rebaja las previsiones de ingresos por arriba mediante la deslocalización, la manipulación de los precios de transferencia y otros artificios fiscales de optimización fiscal.
Mientras tanto esto acaece esperamos la soluciones de un gobierno que no existe y políticos que cobran sin trabajar….
o SI???

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