Una aproximación de las ventajas de constituir una sociedad de capital o proseguir con la actividad de forma individual

Una aproximación de las ventajas de constituir una sociedad de capital o proseguir con la actividad de forma individual

El presente estudio pretende ser una breve guía sobre las ventajas y desventajas de la elección y mantenimiento de la figura societaria como alternativa a proseguir la andadura emprendedora mediante la figura de empresario individual. Para ello deberemos hacer un breve resumen de que consecuencias jurídicas, fiscales y laborales conlleva cada una de esas decisiones y con la suma de las mismas, podremos, tomar la mejor de las decisiones.

Rueda reducida:

Una sociedad de capital tiene personalidad jurídica propia, ello significa que tiene capacidad de contratar. Ello conlleva que existe una responsabilidad limitada al importe de la aportación de los socios no existiendo en la práctica una implicación de responsabilidad a los mismos. Hay que tener en cuenta que el administrador de la misma, en los casos de que desarrollará una actuación correcta en el ámbito de sus funciones si podría derivársele responsabilidad (actuación no diligente, no pagar los tributos estatales, etc.)

Con independencia de la figura del empresario de responsabilidad limitada aprobada por la Ley de emprendedores (que protege hasta un límite de valor de 300.000 euros la primera vivienda y que no contempla la protección ni contra deudas ante la Hacienda Pública ni la Seguridad Social) el empresario individual responde ilimitadamente de las deudas que se generen en el normal devenir de la actividad y cuando la mismas no se puedan satisfacer por finalización en quiebra de la misma.

Las sociedades de capital han de llevar la contabilidad de acuerdo con la normativa del código de comercio (que tras la reforma actual en trámite se denominará código mercantil, han de llevar la contabilidad ajustada al código de comercio obligación que también se extiende a las personas físicas que facturan más de 600.000 euros al año. Las sociedades mercantiles han de llevar la contabilidad desde cualquier cifra. De todas maneras el código de comercio obliga, mercantilmente, a llevar la contabilidad a todos los empresarios (independientemente del régimen fiscal de determinación de renta).

Laboralmente:

Tanto las sociedades mercantiles como las personas físicas pueden contratar y en principio las posibles ventajas o bonificaciones son análogas. En este sentido una diferencia importante se produce en el momento de jubilación de una persona física ya que en ese momento se pueden extinguir los contratos pagando treinta días de salario. Las sociedades mercantiles, dentro de su personalidad jurídica, no se jubilan y por ello se producen problemas importantes en los supuestos de jubilación sin continuidad del administrador/ director de la compañía.

También es cierto que, análogamente por la propia normativa laboral, durante la pervivencia de la actividad se va generando una bolsa de pasivo que la constituyen las indemnizaciones de los trabajadores. En el caso de una persona física si el cierre de la actividad se realiza con carácter previo a la indemnización, dichas percepciones corren a cargo del patrimonio del emprendedor , en caso de que eso acaezca en una persona jurídica (sociedad) y tras un procedimiento concursal con carácter de fortuito no hay mayor responsabilidad patrimonial ni para los socios (limitadas siempre a su participación en capital, ni a los administradores (por su no participación dolosa en la gestión de la compañía)

Fiscalmente: Con independencia del régimen de estimación de rendimientos y sus consecuencias en las obligaciones formales como ya se han descrito en el apartado de mercantil. Las personas físicas tributan por la totalidad del rendimiento independientemente de que permanezcan en la empresa o no, eso significa que en una actividad con beneficios cuantiosos se penaliza la reinversión en activos ya que tributan según la siguiente tabla (siempre que las comunidades autónomas no modifiquen el tramo autonómico, cosa que en Catalunya será a mayor imposición)

En contraposición los beneficios reinvertidos en activos (es decir no distribuidos), tributan en las sociedades de capital a un tipo equivalente (de acuerdo con la reforma fiscal en marcha) de un 22,58%. Hay que tener en cuenta que el administrador/trabajador en la sociedad deberá percibir una remuneración (gasto deducible) en la sociedad y esa, que normalmente tendrá consideración de rendimiento de trabajo, con independencia de que lo sea por motivo de la tarea de administrador o de prestación de servicios como trabajador independiente de las propias tareas que realice el administrador. Dichos emolumentos  los percibirá este con la retención legalmente establecida (que será diferente para la remuneración como administrador que por la prestación de servicios laborales), lo que parece quedar claro a partir del 2015 es la deducibilidad de los mismos.

En este sentido las conclusiones serán:

A mayor actividad e incremento de los contingentes (laborales, mercantiles, de deudas), la decisión de una sociedad  de capital parece ser la opción más aconsejable.

En cuanto a la existencia de diversos socios y tenido en cuenta la equiparación de las sociedades civiles a sociedades de capital también recomendamos como mejor opción la de una sociedad de capital.

En actividades en las cuales exista un excedente importante tras pagar los costes (incluidos las remuneraciones del titular) también será más aconsejable la de una constitución de una sociedad de capital.

Hay que tener en cuenta a la contra, los mayores costes administrativos y de gestión de la sociedad de capital para cifras de negocio de menos de 600.000 euros, así como que las mismas no se jubilan.

Quedamos a su disposición para cualquier otra duda o consideración.

Atentamente

David Civit Ferraro

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